Ese día habrían de encontrarse a las 2 de la tarde. Ella miraba absorta su reflejo en el espejo mientras pintaba sus labios de rojo carmesí, peinaba las ondas de su cabello cual movimiento de olas y pensaba en su próximo encuentro pasional. Él, nervioso e inseguro, le escribía una carta que encerraba su deseo febril y su amor impetuoso. Se vestía de gala y ya podía ver en su mente la silueta de ella dominando su mundo entero y haciéndolo olvidar todo. Salió de la habitación, vio a su esposa y le dio un beso de despedida.
- Me voy a trabajar, amor.- Ella lo observó fijamente hasta verlo salir de la casa y cerrar la puerta. Tenía que pensar en la cena que prepararía para su esposo al volver de trabajar, y en que tendría que ir a recoger a los niños de la escuela.
Sara Rico**
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