Y estoy aquí pensando cómo decir adiós,
atorada mi garganta está de fonemas silenciosos.
Lago de cristal,
helado y tosco,
de tacto casi imposible
me recuesto y me ahogo.
No es posible hablar cuando la tormenta de nieve ha congelado
las cuerdas vocales limitadas al dolor.
No se pronuncia un adiós
cubierto de sempiternas debilidades,
y no se es atractivo cuando se es vulnerable.
Y yo renuncié y es cuando más se dispersa el sortilegio
por todo el cuerpo viaja,
se lleva los órganos,
los huesos del cuerpo.
Y se infecta el corazón que queda como vestido viejo.
Queda como vestido viejo...
Con mil historias que contar
con tantos dueños y cuerpos cubiertos.
Vestido viejo que pasa de unas manos a otra
vestido viejo,
sucio...
arrugado.
Sara Rico**

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