sábado, 2 de junio de 2012

Realidades....algo etéreas.


Miro a mi alrededor y pienso... "he perdido el sabor de la vida". Ya nada me parece ser como era antes. Todo el compuesto químico que componía ese aire sutil de primavera infantil se ha desvanecido. Y es que en pocos años he visto como los cuerpos cambian, las cabelleras crecen, las arrugas aparecen, la frustración llama a la puerta y se presenta: "Muy buenas, soy doña Frustración, una nueva compañera suya en esta nueva etapa de su vida." Ya nos hemos graduado,alcanzado un nivel deseado y pensamos "¿Y ahora qué sigue?" no lo sé...no lo sé. Parece que a estas alturas ya debería saber más de lo que sabía cuando tenía quince años y aprendí a maquillarme, pero la verdad es que no sé...la verdad es que sé menos. Van pasando los días, uno sin que sea diferente al otro, sin embargo Yo me siento distinta, como si hubiera mudado de piel, como si me hubieran hecho hipnosis y de repente me nacieran unas ganas inmensas de atreverme a hacer cosas que jamás haría, de repente desarrollé un talento para la cocina, mi habitación donde duermo es distinta, mis maneras, mis besos, mis versos evolucionan y no entiendo todo esto. Ahora paso más tiempo paseando sola por las calles de mi ciudad plagada de aroma mortal, se me desarrolla una conciencia visual que no conocía y estas ganas de amar...estas infinitas ganas de amar me envuelven como cuando hace mucho frío y vamos corriendo a buscar ese edredón que nos regaló nuestra abuela para navidad.

Quiero....tanto quiero;  y eso es porque veo mis sueños, cada mañana cuando me despierto los repaso como lección de matemáticas de segundo grado. Manejo un auto, viajo a Toscana, vuelo...tantos afanes que no percibe la gente materialista a la que sólo le importa imprimirse sin ver más allá de la simple impresión a blanco y negro. Quisiera tanto quisiera. Quisiera levantarme un día de la cama, y no ser despertada por gritos de los niños de la cuadra. Quisiera poder bañarme todos los días con la ducha sin pensar en que no hay agua, así como jalar de la palanca del baño y pensar "el tanque está lleno, siempre está lleno porque hay agua todos los días". Quisiera un trabajo decente y no explotador que me diera unos billetitos que me sirvieran para comprarme un mcflurry de Mcdonalds, "al menos para los chicles", como dicen. Quisiera viajar por el mundo, un sueño que he tenido hace tiempo; descubrir una Paris o una Madrid a mis espaldas y que con tan solo voltearme la viera ahí. Quisiera una Londres, a lo mejor una Praga, una Atenas y recordar esas Epopeyas de Homero; tomarme fotografías y colgarlas a la red para presumir mi dicha. Tanto quisiera. 

¿Quién no quiere milliones y millones en dinero? YO. Yo no quiero millones en dinero. Yo quiero millones en experiencias, en conocidos por todo el mundo, quiero millones en personas hablando de promover arte y cultura, quiero millones en voluntarios trabajando por y para el mundo. Quiero millones en sonrisas diarias, Millones en obras buenas, millones en películas por las tardes, millones en sellos postales en mi pasaporte, millones en lagrimas de alegría, millones en personas que creen en Dios, millones en poetas, millones en poesía. Millones en bicicletas que sustituyan a los autos, millones en personas que leen a diario. Quiero millones en cultivar la fraternidad, millones en personas que acepten la IGUALDAD. Quiero millones repartidos por el mundo, lo que no lo ocupe yo, lo pueda usar el otro....

 Esa es la riqueza a la que aspiro. Y estas realidades en las que vivo me hacen ser una persona inmensamente pobre.

Sara Rico** 

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