martes, 19 de abril de 2011

Una decisión desesperada

Una decisión desesperada. Nunca más volver a decir nada, o a insinuarlo, o a mencionarlo siquiera, o sugerir el tema. Mi corazón palpita por alguien ahora, ¿cuál es la noticia de esto? es normal que las mujeres somos de la raza celestial aquella en que con una palabra nos obsesionamos con alguien y tendemos a crear nuestra perfecta historia de amor (incluyendo boda y todo). Por eso hoy tomo la determinación de olvidar ciertos elementos románticos que me han acompañado desde que era una niña: cartas de amor, miradas esporádicas, tomarse de la mano, dedicar canciones, ramo de rosas, abrazos inolvidables.
En resumen: el príncipe azul no existe.
No quiero decir con esto que no queden aún hombres buenos en el mundo, pero ciertamente es una raza extinta. Es por eso que les pido un favor a todos los que me leen: olviden que alguna vez mencioné mi predilección por algún hombre en particular.
Nos suele pasar a todos que confesamos nuestro terrible secreto a una persona y termina por enterarse el país entero, claramente no es una cuestión de desconfianza, sino mas bien de discreción. Cometí el grave error de compartir mis penurias con tantas personas a la vez que cuando menos esperé se conocían entre sí y decidieron esparcir el rumor, supongo que a sus oídos (los de él) habrán llegado cosas vergonzosas de mí como que seré una tímida troglodita o tal vez una depresiva sin causa que está enamorada de él (no niego ninguna de las variables) y a lo mejor sea por eso que se rehúse a tenerme cerca y que a veces cuando sin querer se acerca, se aleja al instante al notar su error; posiblemente hoy ante sus ojos soy alguna especie de psicópata acosadora.
En fin, con mi dignidad degradada al nivel -0 hoy hago una petición desesperada: olvídense de mí y de mis historias de amor ficticio, de príncipes y caballos blancos, de abanicos y cortejo. Observenme nada más como una simple mortal y mujer (sí, ambas cosas a las vez) que disfruta de las cursilerías baratas y de ver hombres, que jamás ha soñado con casarse, y que por alguna razón no piensa tener hijos.

Sara Rico*

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